¡¡¡Mamá!!! ¡¡¡Nevó!!! ¡¡¡El 21 de Junio llegó el invierno!!! No, no me había olvidado... Es que no me gusta la nieve.

Rafael Pánfilo Galvano, “El inquisidor de la vida cotidiana”, analítico y locuaz columnista que expresa su punto de vista desde su más sincero escozor. Con un replanteamiento de todo aquello que conocemos o creemos saber de la vida. Un tinte algo negativo, pero según él, cargado de realidad y sin tanto sentimentalismo mari carmencita. Escribe esta nueva sección “Es mi opinión... real, resentida y reptante”. (Basado en un genial enfermo observador de la vida diaria)
Existen una serie de actividades que se reproducen en el invierno, fuera de abrigarse y mantenerse a temperatura. Hay deberes que al parecer tenemos la obligación de hacer porque son cuestiones que van adosadas a esta estación y a su reacción de emitir nieve, por lo menos en estas latitudes. ¿Que hago, entonces, con la nieve? Un “como se ve desde aquí” lo que estas por hacer:
1. Comprobar que se trata efectivamente de nieve: mucha gente confunde la lluvia y el granizo, primos hermanos de la nieve y no comprenden, que en su deseo de querer festejar el invierno y enceguecidos, se auto-inoculan una especie de alucinamiento en el que confundidos se verán intentando armar muñecos de nieve, pero de barro o guerras dolorosas con granizos... ¡Ay! ¡Ouch! ¡Basta! ¡Basta! O complicados muñecos de granizos y sucias guerras de barro. Gente apresurada y falta de paciencia.
Rafael Pánfilo Galvano, “El inquisidor de la vida cotidiana”, analítico y locuaz columnista que expresa su punto de vista desde su más sincero escozor. Con un replanteamiento de todo aquello que conocemos o creemos saber de la vida. Un tinte algo negativo, pero según él, cargado de realidad y sin tanto sentimentalismo mari carmencita. Escribe esta nueva sección “Es mi opinión... real, resentida y reptante”. (Basado en un genial enfermo observador de la vida diaria)
Existen una serie de actividades que se reproducen en el invierno, fuera de abrigarse y mantenerse a temperatura. Hay deberes que al parecer tenemos la obligación de hacer porque son cuestiones que van adosadas a esta estación y a su reacción de emitir nieve, por lo menos en estas latitudes. ¿Que hago, entonces, con la nieve? Un “como se ve desde aquí” lo que estas por hacer:
1. Comprobar que se trata efectivamente de nieve: mucha gente confunde la lluvia y el granizo, primos hermanos de la nieve y no comprenden, que en su deseo de querer festejar el invierno y enceguecidos, se auto-inoculan una especie de alucinamiento en el que confundidos se verán intentando armar muñecos de nieve, pero de barro o guerras dolorosas con granizos... ¡Ay! ¡Ouch! ¡Basta! ¡Basta! O complicados muñecos de granizos y sucias guerras de barro. Gente apresurada y falta de paciencia.
2. Los deportes invernales se realizan con una cantidad considerable de este elemento blancuzco: de lo contrario se vuelven aburridos, lentos, imposibles de realizar y hasta ridículos, o todo eso. Imagínese una carrera de esquí con 2 cm de nieve, o un trineo sobre escasas manchas níveas o un patinador sobre un casi intangible hielo. Ansiosos que se dejan llevar por el frío el arrojo.
3. Juegos no recomendables en la nieve: enterrar a un amigo como en la playa, suele ser riesgoso, y generalmente, sobreviene la falta de onda de tu amigo en cuestión para ser enterrado en el hielo... que èl, excusándose, llamará descaradamente: hipotermia. Hacer castillitos de nieve se dificulta un poco y por lo general se opta por los iglúes, que mucha diversión arquitectónica no poseen. Simpáticos, creativos, un tanto descontroladitos, pero amables vecinos.
3. Juegos no recomendables en la nieve: enterrar a un amigo como en la playa, suele ser riesgoso, y generalmente, sobreviene la falta de onda de tu amigo en cuestión para ser enterrado en el hielo... que èl, excusándose, llamará descaradamente: hipotermia. Hacer castillitos de nieve se dificulta un poco y por lo general se opta por los iglúes, que mucha diversión arquitectónica no poseen. Simpáticos, creativos, un tanto descontroladitos, pero amables vecinos.
4. Realizar muñecos de nieve: una práctica que es un verdadero compromiso, es la fabricación de figuras de nieve que asemejen ser muñecos, el más común es el formado con dos bolas de nieve (una grande, el cuerpo, y otra más pequeña, la cabeza, se puede variar el orden para diversión de los espectadores) se complementan con utilería para pretender representar a los ojos, la nariz entre otros con piedras y zanahorias. Gente que juega a ser Dios... Maniacos alquimistas que crean golems helados, que durarán poco y sufrirán el desasosiego de la existencia finita.
4. bis: Angelitos de nieve: tribulación llevada a cabo por gente algo inestable que superadas con tanta felicidad y que al ver la nieve, un algo espiritual o una enzima, le generan un ruido similar a un graznido y se arrojan al suelo moviendo manos y pies simultáneamente, dejando como impresa una figura similar a un ángel... si se la mira con mucho cariño. Gente que no puede evitar llamar la atención... ¡Mira como hago un angelito má! Posesos y fiesteros.
4. bis: Angelitos de nieve: tribulación llevada a cabo por gente algo inestable que superadas con tanta felicidad y que al ver la nieve, un algo espiritual o una enzima, le generan un ruido similar a un graznido y se arrojan al suelo moviendo manos y pies simultáneamente, dejando como impresa una figura similar a un ángel... si se la mira con mucho cariño. Gente que no puede evitar llamar la atención... ¡Mira como hago un angelito má! Posesos y fiesteros.
5. Guerra de nieve: y en efecto no podía faltar el detalle bélico /violento que nos caracteriza como humanos que dispuestos a enfrentarnos con otros congeneres, guerreamos hasta que nadie quede vivo o bien hasta que nos quedemos sin nieve. Personas que buscan conquistar el mundo en invierno y destrozar la raza humana tal como la conocemos, amantes de la maldad blanca.
6. y para rematar, esta nota no estaría completa si no habláramos de ninjas... Hay que poner especial cuidado en cualquier montículo que parezca sospechoso, como estamos en cambio de estación, esta vez vestidos de trajes blancos. Los que esperan usar siempre que llega el invierno, para mimetizarse con la nieve aguardando a realizar su traicionero ataque lleno de conocimientos y prácticas milenarias y dolorosas. Temerosos, llenos de delirios persecutorios y desconfianza, nosotros.
6. y para rematar, esta nota no estaría completa si no habláramos de ninjas... Hay que poner especial cuidado en cualquier montículo que parezca sospechoso, como estamos en cambio de estación, esta vez vestidos de trajes blancos. Los que esperan usar siempre que llega el invierno, para mimetizarse con la nieve aguardando a realizar su traicionero ataque lleno de conocimientos y prácticas milenarias y dolorosas. Temerosos, llenos de delirios persecutorios y desconfianza, nosotros.
7. Beber chocolate caliente: ya sé que bien he dicho en el punto anterior: “para completar la nota”, pero si no incluía o insinuaba la posibilitad de nombrar este néctar invernal, los moralistas amantes del cacao hubieran comenzado a gritar hasta perder la coherencia del léxico tal como lo concibe la lengua “¡Dónde está el chocolate? ¿Qué pasó con el cocholate? ¿Por qué nombra todo menos el cocolateh? ¿Quiere que lo denunciemos ante la sociedad protectora de amantes del colatecho?” Y otros insultos intransmisibles sin señas. La bebida sirve para apalear las bajas temperaturas, aunque produce, si exageramos, insomnio, gastritis y al ser un estimulante… quizás hasta la locura... Gente dulce, algo inquieta y loca... muy loca, que ríe insanamente.

(La foto, en efecto, corresponde a la nevada del 21 de Junio de 2009, Plaza Almirante Brown, Río Grande - Tierra del Fuego)
En mi opinión... el invierno es frío y saca lo más raro de todos nosotros... claro es mi opinión. Encerrarse, invernar y esperar la primavera... aunque esa estación también tiene sus cositas. Rafael Pánfilo Galvano, “El inquisidor de la vida cotidiana”.
En mi opinión... el invierno es frío y saca lo más raro de todos nosotros... claro es mi opinión. Encerrarse, invernar y esperar la primavera... aunque esa estación también tiene sus cositas. Rafael Pánfilo Galvano, “El inquisidor de la vida cotidiana”.